Todo empezó hace 12 años
Tengo 52 años, me llamo María. Soy la orgullosa madre de 4 mujercitas, dos de mi primer matrimonio y dos del segundo, ahora ya todas son mayores de edad y gracias a que desde hace un par de años tomé un curso de Internet, la soledad se me ha hecho mucho más pasajera.
Bueno, bueno, pero el relato que les voy a contar es totalmente real (No gastaría mi tiempo a esta edad en fantasías) y aunque su clímax fue hace apenas unos días, todo comenzó hace ya doce años. Si, hace aproximadamente doce años, un viernes por la tarde me habló la segunda de mis hijas, Martha para decirme si le permitía traer a su novio a casa por la noche para que me lo presentara, ya me había platicado mucho de él, llevaban saliendo poco más de un mes y mi hija estaba feliz con él. Obviamente accedí y le dije que si, que lo trajera, que me daría mucho gusto conocerle.
Esa noche llegaron ambos, muy puntuales y muy acaramelados, el muchacho era bastante agradable, delgado y alto, de conversación fluida, culto y muy educado, la verdad, conforme la noche iba avanzando cada vez se me hacía más y más atractivo, esa noche la pasamos muy bien, quedé encantada con el muchacho y más o menos a las dos de la mañana se despidió y mi hija y yo salimos a despedirlo a la puerta…
Mi hija decidió subir a su cuarto para bajar algo para que el muchacho se cubriera ya que la noche había enfriado, mientras tanto yo me despedí de él, estiré mi mano, acerqué mi mejilla y sin él ni yo pensarlo, y sin estarlo pensando, nuestros labios se juntaron en un sutil pero sensual beso, ambos no supimos que decir, nos quedamos viendo a los ojos y yo, al oír que mi hija se aproximaba, decidí meterme a la casa y olvidar lo sucedido.
Después de esto, mi hija siguió su noviazgo con él, se casaron y tuvieron un hijo, años más tarde se irían a vivir, por motivos de trabajo, al interior del país y acostumbraban visitarnos dos o tres veces al año; Sin embargo jamás volvimos a tocar el tema de la primer noche que nos conocimos, bueno, no hasta hace unos días.
Jorge, el esposo de mi hija, regularmente venía a la capital por cuestiones de trabajo, jamás llegaba a la casa, siempre nos argumentó que la compañía se hacía cargo de todos sus gastos cuando el viajaba, y que era enemigo de dar molestias, sin embargo esta vez había venido a cenar, ya que mi hija nos había enviado con él, unas fotos y un video de mi nieto, la cena se prolongó y mi esposo y yo insistimos en que se quedara, ya que, al ver su maleta, sabíamos que todavía no se había registrado en ningún hotel, él después de insistirle un poco accedió y decidí prepararle el sofá cama del estudio de la planta de abajo. Mi esposo, tal y como lo hace habitualmente, se tomó su píldora para dormir y se retiró a nuestra habitación.
Yo subí a ponerme el pijama y una bata, sin pretender verme sensual tomé uno con un gran escote al frente que resaltaban mis todavía muy bien formados y grandes senos. Bajé y me senté en la esquina del sofá a platicar, Jorge me pidió un tequilita, me dijo que lo necesitaría para poder dormir, yo con gusto se lo traje y aproveché para tomarme uno, los minutos pasaron y los tequilas también, una hora y media después ya nos encontrábamos platicando de temas un poco más candentes, me estaba comentando de una nueva abogada que había entrado a trabajar con él, que era más o menos de mi edad, sin embargo no estaba tan guapa, ese comentario me ruborizó y empezó a encenderme, él lo notó y siguió haciendo comentarios similares, de repente, sin dejar de platicar comenzó a cambiarse y a ponerse el pijama, se desnudó, si, se desnudó por completo frente a mi, como si nada y se puso el pantalón del pijama, yo no sabía que hacer, así que decidí aparentar que nada pasaba, después, sentado más cerca de mi me dijo que se iría a dormir y se acercó para darme y beso y las buenas noches, un centímetro antes de juntar nuestras mejillas, nuestros rostros giraron para dejar nuestros labios como doce años atrás, juntos por segunda vez.
Me faltarían muchas palabras para describir lo que ese profundo beso movió dentro de mí, serian mil páginas las que necesitaría este relato para dibujar lo que mi cuerpo sentía. Nuestras lenguas se entrelazaron de tal manera que no hubo necesidad de decir más, simplemente fueron la antesala a lo que los dos sabíamos que seguiría.
Yo me incorporé, me aproximé a la puerta y puse el seguro, él se levantó, abrí el saco de su pijama y dejo caer los pantalones, durante un segundo me quedé mirándolo, me aproximé a él y seguí besándolo, poco después besé su cuello, su pecho y me senté en una silla del estudio, su pene quedó a la altura de mi cara, lo tomé con ambas manos y lo comencé a acariciar.
No pasó mucho tiempo antes que mi boca quisiera sentir su tersura, comencé a succionar levemente su cabeza, esta, conforme mi lengua la recorría, crecía, no la podía ver pero mi boca lo sentía, después comencé a introducírmela cada vez más, hasta que la punta llegó a mi garganta, la mantuve un rato ahí y en seguida él tomó mi cabeza y empezó a guiarme para que le diera la mamada más larga y profunda que a mis 52 años había dado…
Cada vez el ritmo de la misma crecía, de repente sentí que eyacularía en cualquier momento, cuando lo hizo, decidí no sacar su hermosa verga de mi boca y succioné con ganas para ayudarlo a eyacular la mayor cantidad de semen posible, él me intentó quitar, pero cuando vio que a mi no me molestaría que se viniera en mi boca se dejó consentir. De repente mi boca se dio cuenta de que tanto semen y una verga tan erecta no cabrían juntas en mi boca, así que decidí tragar todo ese líquido que amablemente mi yerno había depositado dentro de mi.
Después, me recostó sobre el sofá cama y me devolvió la mamada, fue entonces que comprendí por qué mi hija lo quería tanto, ese hombre tiene una lengua que vale oro, fueron los veinte minutos más placenteros que había pasado sobre una cama, tuve sensaciones que creía olvidadas y logré tener un orgasmo tan profundo que me provocó un mareo por varios minutos.
Poco después, mi yerno, con su arma lista nuevamente, se me vino encima, me abrazó, me besó y con un movimiento maestro me la metió, obviamente estaba muy lubricada pero la facilidad con que lo hizo fue maravillosa, ya que la sensación de cuando a una se la meten la primera vez cada vez que se hace el amor es importante, ahí se sabe si tu pareja tiene o no tablas para hacerte gozar, si se te eriza el cuerpo y una sensación placentera corre tu cuerpo felicidades, ¿sino? consíguete un amante.
Hicimos el amor por casi una hora, todas las posiciones imaginables fueron ensayadas, la excitación creció al máximo, hasta que en un momento, sin saber por que lo dije ni como se me ocurrió, le pedí que me cogiera por el culo, él se detuvo, me miró a los ojos, me la sacó, me dio la vuelta, se inclinó un poco para lamerme mi virginal culito y con cada lamida el orgasmo se acercaba a mí cada vez más, fue de pronto cuando se incorporó y de forma lenta pero constante me la introdujo, no saben que sensación tan maravillosa me provocó, el orgasmo más largo y profundo de mi vida llegó a mi y a él con tan solo unos segundos, e inundó la profundidad de mi ano con los líquidos más calientes que yo hubiera imaginado.
Más tarde me despedí, y cuando me levanté ya no estaba en casa, solamente había dejado una nota agradeciendo mi hospitalidad y por lo demás…nuestras vidas siguieron como antes.
Autora: Maziozare
No related posts.
Publicado el 17-7-2009 por

Sin votos. Se tu el primero.