Mi primera vez
Me llamo Irene y fui al colegio en Miraflores en Lima Perú, lugar donde vivimos yo y mi familia. Recuerdo aún que la primaria fue fugaz, la cuestión sexual no existía para mi, luego vino la secundaria y eso ya me hacía sentir una verdadera señorita y casi mujer.
Cuando estaba en tercero de media, tenía 16 años, había ya notado algunos cambios en mi organismo, propios de la pubertad. Entre mis compañeras conversábamos de cines, y también de enamorados. Había entre nosotras una chica mayor que había repetido el año y que tenía una experiencia bárbara; nos juntábamos en torno a ella para escucharle sus aventuras, una que otra le hacía preguntas, a las cuales contestaba con una lisura y se “mataba” de risa. La conversación, para nuestra edad, era interesante y, en su mayoría, participábamos.
Una tarde nos cuenta de su primera experiencia sexual, parece ser que sufría de ninfomanía, había salido con el amigo de su enamorado que tenía auto, el cual le había invitado a bailar, ella aceptó, tomaron unos tragos y luego salieron sin rumbo, en el camino ella lo había besado repetidas veces, lo cual motivó su reacción y ya la cosa era mutua, nos cuenta que el muchacho le estrujaba los senos y que le desabrochó el sostén, empezando él a besárselos, al sentir ella el calor y el éxtasis, bajó el cierre del pantalón del muchacho y estrujó su miembro contra su cuerpo, provocó que él le bajara su calzón para introducírselo; pero ella le pidió que en el carro no, porque tenía miedo que pudieran verlos, no llegaron a realizar el acto, ya que por ser menores de edad y no tener documentos no pudieron ir al motel.
Todo esto nos relató nuestra compañera, nos parecía difícil poder creerle, pero era cierto, incluso entre nosotras a la hora de gimnasia le gustaba exhibirse, y para ruborizarnos nos enseñaba su vagina y se ponía flores en los vellos, se frotaba los pechos y en varias oportunidades nos enseñaba cómo se masturbaba, todo mientras nos cambiábamos en ropa de deportes, se masturbaba hasta delirar de gusto y veíamos Que le chorreaba un líquido blanquecino espeso, otras veces pedía que le agarráramos los senos, ella se ponía las dos manos en la vagina y seguía el rito. Francamente era enfermante verla y oírla. Una vez una profesora que sospechaba, logró ver y escuchar todo, lo que provocó su expulsión y creyendo que alguna de nosotras la había delatado, su despedida fue llena de rencores.
Pero la curiosidad había sido sembrada, yo sentía que mi cuerpo era distinto, mis senos se habían prolongado, tenía vellos en la región púbica, el cual era abundante. Mis glúteos eran redondos mi cuerpo se había modelado. Quería experimentar, sino todo, algo de lo que había escuchado, soñaba con tener mi enamorado y a! fin un día viniendo del colegio, el ómnibus escolar, chocó con un microbús, por supuesto nos bajamos y a! hacerlo un muchacho me pregunta si me había golpeado y así empezó todo. Pronto me visitó, y el primer beso fue justo al mes. Se me declaró, me dijo que le gustaba mucho y que quería que fuese su enamorada, yo acepté, era un chico interesante y alto, nos veíamos después de las comidas y los sábados y domingos.
Sentía estremecerme toda cuando me juntaba a él para besarme. Frotaba su pecho contra mis senos y yo podía sentir la sensación de su pene erecto entre mis piernas y frotándolo contra mi pubis, tenía ganas de acariciarlo y saciar mi curiosidad, pero me detenía. Una noche decidimos venir a pie a la salida del cine y por el Parque Salazar. Sus caricias eran muy ardientes. A menudo me volteaba, dándole la espalda, y entre mis glúteos sentía su pene, haciéndome sentir unos deseos enormes de ser poseída, sus besos ardientes, recorrían mi cuello, llegando al principio de mis senos para volver a recomenzar de nuevo. Esa noche nos detuvimos en una parte oscura e íntima, nos besamos locamente, puso sus manos en mi cintura y poco a poco fueron subiendo hasta mi pecho, quise apartarlas, pero él me dijo que me dejara, poca resistencia pude ofrecer, pues sus caricias eran algo que yo deseaba. Me dijo que quería tenerme, yo también quería, pero que tenía miedo a que me doliera y que nos vieran, él me aseguró que nada pasaría.
Entre besos y caricias procedió a desabrochar mi blusa, me bajó el sostén, levantó mis senos y comenzó a besarlos primero, luego suavemente lamió la aureola del pezón, en ese momento mis pezones se volvieron duros y firmes y procedió a mamarlos. Un deseo irrefrenable fue apoderándose de mí. En un momento sentí su mano acariciándome los muslos e iba subiendo más y más arriba, le dije que no, que dejara, con un beso rabioso de lujuria tapó mi boca, luego su lengua moviéndose en mi cuello, en mi oído, en mis labios y me dejé. Tal era mi deseo. Luego sentí su mano hurgando en mi sexo, acariciando mi clítoris, presionando mis glúteos. En un susurro me dijo que me quitara el calzón, yo como extasiada me lo quité y él lo guardó en su bolsillo. Sus caricias en mi sexo y en mi cuerpo fueron más fogosas. Sin darme cuenta é! había abierto el cierre de su pantalón y extraído su miembro y comenzó a frotarlo contra mi vulva, y me pidió que lo tocara, como tenía un poco de vergüenza, bajó mis manos hasta su pene y lo encerró entre ellas, y me dijo “qué rico lo vas a sentir cuando lo tengas adentro”.
Me pidió que me acostara y que abriera las piernas, que me lo introduciría despacio, que no me dolería. Yo acepté, me recliné en el césped y abrí !as piernas, él se inclinó sobre mí y sentí su miembro erecto pugnando por entrar en mi vagina, sentí un desgarramiento interno y luego un algo convulso moviéndose en mi interior. Introducía y sacaba su pene y frotándose suavemente contra mi pubis, empecé a sentir un deleite indescriptible, era una locura maravillosa, sentí que internamente todo latía dentro de mí, él me pidió que me moviera, pero era completamente inexperta, dulcemente me dijo que ya aprendería, y sentí como un caldo caliente que me mojaba toda, un diluvio de semen recorría mi cuerpo. Todo fue estupendo. Luego de descansar un rato, me lo sacó lentamente y me abrazó con dulzura, una tierna sonrisa iluminaba su rostro. Con su pañuelo me ayudó a limpiarme y luego él hizo lo mismo, a la luz de la luna, pude contemplar su todavía erecto pene. Luego me preguntó cuando debía venirme la regla, le contesté que dentro de 5 días, teníamos temor de quedar embarazada, felizmente no pasó nada, pero con el miedo y Ia duda, esos 5 días me parecieron 5 años.
Era rico hacer el amor, con alguien que me había mostrado afecto, ternura y sobre todo mucho amor. Con é! sigo todavía de enamorada y lo hacemos cada vez que podemos, no importa el lugar ni las circunstancias, pero ahora con los cuidados respectivos para no quedar en estado
Así fue mi primera vez, frente al mar, de noche, fue sencillamente delicioso, me vuelvo loca de sentí miembro dentro de mí. De seguro: se asemeja mucho por no decir que igual, a la primera vez que lo hiciste ¿tú no?.
Irene
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Publicado el 3-1-2009 por

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