Me apetece un poco de Cibersexo ¿Quieres conmigo?

Mujer completa


Felipe es un hombre especial. Siempre ha sido diferente de todos nosotros, no porque fuera un ser extraño o antisocial, que no lo era, sino simplemente porque para el solo existía un deseo, un valor y una preferencia. La pintura.

Cuando el decidió , dedicar todo su interés y su esfuerzo al arte, yo fui la única de la familia que lo apoyó . Esto fue posible porque , como hermana mayor y con una excelente situación económica pude, primero financiarle los estudios de pintura en la academia y luego instalarle un taller con todas las provisiones del caso.

Para ello hice remodelar una parte de la casa, de modo que el pudiese ,en ese taller, dedicar su tiempo completo a pintar sin otra preocupación que su arte. Creo que es feliz.

Pocas veces me invita, porque sabe que yo no entiendo absolutamente nada de pintura, pero a menudo me asomo por su taller y entonces el me explica algunos aspectos técnicos que sin su ayuda yo seria incapaz de comprender.

Fue en una de esas visitas que lo note un poco diferente, así como algo cohibido y de inmediato le pregunte que le pasaba, porque yo no quería dañar para nada nuestra comunicación tan sutil y feliz.

- Tengo que contarte algo que tú tienes que saber.- me dijo, así como tímido.

- Hay una mujer aquí- lo dijo como disculpándose.

Me sentí agradablemente sorprendida. Me alegraba de verdad que Felipe hubiese llevado una mujer a su taller yo nunca le había conocido interés alguno en ese sentido.

Era temprano antes del desayuno, y seguramente habrían pasado la noche juntos, pensé. Eso me alegró aun más porque yo no quería que mi hermano preferido viviera una adultez solitaria. Hice intento de retirarme para no interrumpir su intimidad , pero el me sujetó de un brazo diciéndome.

Por favor no, Magda. No te vayas. Quiero que la conozcas y que me des tu opinión- .

En seguida , sin esperar mi respuesta, se encaminó hasta el pequeño cuarto contiguo regresando casi de inmediato de la mano con una mujer de cabello hermoso y cubierta con una sabana roja desde el cuello hasta las rodillas.

Condujo a la mujer hasta una pequeña tarima que había ahí frente a mí y entonces ella se despojo de la sabana mostrándose completamente desnuda.

Yo nunca había visto una mujer desnuda, aparte de yo misma, por supuesto, y traté de desviar mi mirada de la mujer, pero ella me sonreía.

- ¿No crees que es verdaderamente hermosa? – me dijo Felipe con evidente entusiasmo, retirándose unos pasos para poder apreciar mejor a su modelo.

A mi juicio la mujer no era fea, pero de ahí a encontrarla hermosa había una gran diferencia.

Era una mujer joven, no tendría más de unos 25 años, con un cuerpo bien formado sin ser espectacular. De rostro agraciado cintura un poco ancha y caderas más bien opulentas de piernas torneadas y pechos un poco grandes para su estatura, pero firmes, uno de ellos era evidentemente más grande que el otro.

Pero lejos de todo esto lo que a mi más me impresionó fue su impresionante mata de vellos pubianos de color castaño que cubría el triángulo de su vientre y ascendía casi hasta los bordes de su ombligo. Interiormente sonreí al pensar en mi sexo rigurosamente depilado.

Esa mujer tenía algo inquietante que parecía transmitirse al espacio, era algo que yo percibía como profundamente femenino era algo que yo parecía despreciar y desear al mismo tiempo y que parecía emanar desde esa mata de vellos de su pubis.

Felipe se había acercado a la mujer y sin dejar de hablarme deslizaba su mano por su cabello para acomodárselo sobre los hombros.

Era como una caricia delicada. Como reconociendo detalladamente las características del cuerpo de su modelo.

Luego deslizó su mano por el cuello de la muchacha y avanzo en seguida hasta sus pechos.

El tomaba los pechos de la mujer como si fueran frutas, parecía apretarlos levemente e incluso acercó su cara como en actitud de aspirar su perfume, ahí cerca de los pezones que ahora estaban claramente dilatados – Seguramente la caricia excitaba a la mujer., que en ningún momento dejaba de sonreír

Con uno de los pechos en su mano, levantándolo un poco, mi hermano me miró y creí ver en el una sonrisa picara,

Sin duda miraba mis pechos que en ese mismo momento percibí monumentales y hasta sentí un poco de pudor ante su mirada, Pero fue solo un instante.

Felipe siguió exhibiendo su tesoro ante mí. Hablo de los muslos de la mujer, acaricio sus caderas, la hizo girar ante mi para que pudiera apreciar el perfil de su culo deslizando su mano entre los muslos que ella separo casi en forma coqueta en un gesto casi grosero.

- No es realmente preciosa?

Si verdaderamente lo es – , me escuché decir sin convicción.

La muchacha devolvió mi elogio acentuando su sonrisa.

En ese momento pensé que era tiempo de retirarme del taller y me despedí del pintor y su modelo deseándoles un trabajo exitoso.

Abajo, en el comedor, Raúl, mi otro hermano aun no terminaba su desayuno y sin saludarme siquiera me dijo en forma burlona.

- De modo que Felipe ahora esta pintando desnudos.

- ¿Y tu como lo sabes?

- Por que yo le conseguí la modelo , se llama Sandra , tu crees que mi hermanito se habría atrevido a pedirle a una mujer que posara desnuda para el?.

En eso tenia razón.

Felipe era de una timidez rotunda frente a las mujeres. Raúl en cambio creo que no pensaba en otras cosas sino en las hembras.

-Seguro que ya se la esta tirando-, dijo en forma soez. La Sandra sabe como hacer su trabajo. Reía en forma grosera.

Aun no era mediodía y allí estaba yo sentada frente a mi escritorio recordando lo sucedido y sin dejar de pensar que de algún modo la situación me había afectado emocionalmente.

Lo que mas me intrigaba era el hecho que durante esa larga media hora en que Felipe examinó a su modelo desnuda ante nosotros, no hubiese mostrado el menor indicio de un interés erótico.

Ella había desarrollado todo tipo de posturas sugerentes mostrando sus atributos que eran francas incitaciones al sexo y que ahora conociendo lo que Raúl me había contado de Sandra, me las explicaba perfectamente.

Me parecía muy raro que Felipe pudiera recorrer el cuerpo de la mujer como lo había hecho frente a mi sin excitarse en lo mas mínimo, en circunstancias que hasta yo me había sentido estimulada y alcance a percibir el crecimiento de mis pezones.

O quizás el si se había excitado al máximo después que yo me había marchado y afectivamente en este momento Felipe se estaría tirando a la Sandra, como en forma tan soez la había expresado Raúl.

Así fue como debí admitir que de pronto me había puesto en contacto con un mundo, que aunque yo había ignorado, existía de verdad

Porque yo había renunciado sin que nadie me lo pidiera a la posibilidad de hacer una vida sexual normal y vivía simplemente en una castidad que no ofrecía a nadie ni me redimía de nada. Por eso era mas amiga de Felipe, que en su dedicación artística permanecía tan virgen como yo y hablábamos de las mismas cosas y nada teníamos que contarnos en el plano sentimental ni erótico.

La otra cara de la medalla en esta realidad familiar era sin duda mi hermano Raúl totalmente sensual. Que aunque frente a los extraños tenia especial cuidado en ser correcto y reservado, en el ambiente de la casa se liberaba completamente y parecía disfrutar contando sus aventuras en la forma más explicita posible sin omitir detalles, actitud que no tenía ningún eco en nosotros. Simplemente lo soportábamos mientras mantuviera su control frente a nuestros amigos y visitas.

Regresé a casa esa tarde, invadida por una novedosa curiosidad respecto a las actividades artísticas de mi hermano Felipe.

Luego de cambiarme de ropa para ponerme algo más cómoda subí lentamente la escalera que conducía al segundo piso en que se encontraba el taller de mi hermano.

Como siempre entré sin tocar la puerta, teníamos la confianza suficiente para hacerlo. Felipe estaba solo de pie frente a su caballete y daba algunas pinceladas.

En mi apreciación, la mujer pintada desnuda me parecía muy distinta de lo que era la Sandra en la realidad. Había algo que no armonizaba en esa pintura. No sabía como expresarlo.

El cuerpo aparecía como mas provocativo, los pechos eran mas opulentos, sus caderas mas voluptuosas, la mata de pelos sobre su sexo estaba levemente separada dejando un canal en el centro en el cual se destacaban los labios mayores separados y el clítoris completamente visible en el vértice superior de la vagina. Me pareció un poco obsceno.

Todo el cuerpo era como una provocación mayor que aquella que la mujer al natural poseía.

Pero lo mas notable era que el rostro de la mujer, no era el de Sandra, En un comienzo me costo admitirlo, pero no había dudas El rostro de esa pintura era el mío.

De súbito me sentí como mancillada en mi pudor, no tanto por el desnudo sino por el hecho que esa pintura la había hecho mi hermano y de alguna forma su actitud rompía la pureza de la hermosa relación que teníamos. El habló sin mirarme

- Que te parece, Magda? Creo sinceramente que es lo mejor que he pintado en el último tiempo. Luego dirigiéndose a mi agregó entusiasmado.

Hacia meses que quería pintar algo así. -

Miraba alternativamente hacia mí y hacia la tela desde la cual mi imagen provocativamente desnuda insinuaba una sonrisa maliciosa. En ningún momento dijo nada acerca de la presencia indesmentible de mi rostro en el cuadro.

Yo estaba definitivamente alterada. La misma tranquilidad de Felipe era como una provocación. Se comportaba como si nada hubiese pasado, en circunstancias que el había puesto mi rostro sobre ese cuerpo desnudo de un contenido erótico desmesurado.

¿Acaso el me imaginaba así desnuda?

¿Acaso esa pintura estaba representando la liberación artística de un deseo incestuoso de mi hermano?

¿Acaso me estaba provocando o de verdad había liberado en la tela un deseo contenido en su subconsciente?

.

Si Felipe no decía nada yo también permanecería en silencio. En silencio, pero no inmóvil.

Entonces, mientras Felipe preparaba otra tela casi sin mirarme, me dirigí al cuarto pequeño y me desnude completa, me envolví en la sabana roja de Sandra y caminé hasta la tarima. Cuando Felipe se dio vuelta yo estaba frente a el mostrando todo lo que yo quería que el me viera

Felipe abrió los ojos en forma desmesurada. No bahía esperado esa reacción mía. Por mi parte yo permanecía inmóvil, quizás temerosa de su reacción. Yo no era la Sandra, pero en ese momento desee serlo

Felipe pareció turbado, pero solo un momento, luego casi sin mirarme se acerco a mí y comenzó a acariciarme el pelo casi con indiferencia, quizás me veía de forma puramente profesional y artística.

Cuando sentí su mano en mi hombro desnudo me estremecí.

Era la primera vez que la mano de un hombre entraba en la intimidad de mi piel, yo estaba de espaldas a él y permanecía inmóvil. Ninguno de los dos decía nada. Sentí un pequeño estremecimiento cuando percibí que sus manos descendían por mi espalda rodeando mi torso para acercarse a mis pechos y cuando sus manos los acariciaron una corriente de placer descendió hacia mi vientre. Entones el los englobó apretándolos deliciosamente y en ese momento, no supe porque se me vino a la mente los momentos que Raúl mirándome descaradamente a la hora de almuerzo, me decía con su vulgaridad habitual

- Tienes unas gomas monumentales hermanita… como me gustaría chupártelas -

Pero por sobre ese recuerdo involuntario, mi mente estaba abocada a percibir en toda su intensidad el ritual de Felipe sobre mi cuerpo.

El mismo ritual que había desarrollado en mi presencia sobre el cuerpo de Sandra y me preguntaba si ella sentiría lo mismo que yo.

Mas bien yo deseaba sentir lo mismo que ella porque pensaba ahora que esa mujer casi prostituta, desarrollaría quizás sensaciones mas intensas que una mujer normal, como yo nunca podría sentir y deseé en ese instante ser como ella y la envidie y quería ser tan puta como la Sandra.

Felipe levantaba mis pechos como para apreciar su peso y yo pensaba si le gustarían mis pechos si le producían deseo, si acaso no querría chupármelos, como había dicho Raúl. Y yo deseaba intensamente que Felipe si me los chupara ahora que mis pezones estaban atrozmente dilatados como los estaba viendo y los encontraba tan excitantes que me hubiese gustado poder chapármelos yo misma, cosa que una vez había intentado hacer pero solo había alcanzado a tocarlos con mi lengua.

Pero mi hermano Felipe continuaba con el examen artístico de mi cuerpo sin saber que yo me estaba dejando deslizar por el tobogán del deseo y quería ser para el no solo una modelo sino una hembra ofrecida desnuda ,no solo para que me pintara sino para que me llevara a ese mundo que ignoraba pero que ahora deseaba conocer hasta el limite.

Ahora sus manos recorrían mis muslos que sentía húmedos.

Separé mis piernas para que pudiera recórrelas y trataba de adoptar poses que le había visto a la Sandra, pero temía que no fuera tan expresiva como ella y me moví para dejar sus manos sobre mi culo, esa parte de mi cuerpo que secretamente tanto me gustaba. De verdad sabia que mi culo era mas hermoso y provocativo que el de Sandra.

-Culo de yegua caliente, – me gritaba a menudo Raúl cuando por casualidad me veía pasar en la casa. y yo me escondía para que el pensara que había salido y seguro de estar solo me gritaba dando rienda suelta a su obsceno deseo.

-Como me gustaría comerme tu culo de yegua, hermanita – te daría todo lo que tengo guardado para ti.-

Me decía así mientras balanceaba en su mano derecha una pija que yo encontraba gigantesca, la más grande, aunque yo había visto solo esa. Y Raúl nunca sabría que yo lo veía y lo escuchaba, pero yo si lo sabia y recordaba en mis noches, con vergüenza, hundiendo mi cabeza entre los almohadones.

Y las manos de Felipe recorrían mis nalgas redondas y

Calientes con caricias circulares.

Yo me había inclinado y mis pechos oscilaban pesados como péndulos cuando sentí que su mano separaba mis nalgas y con su pene la acariciaba mi raja con infinita suavidad como si lo que tuviera en su mano no fuera su pija tensa sino un suave pincel dibujando la piel de mi raja haciéndome vibrar de ansiedad.

Era indudable que esa parte de mi piel nunca podría pintarla porque estaba oculta en mi mas secreta intimidad.

Pero yo había abandonado ya le realidad habitual y me había entregado al mundo de mis deseos, de modo que cuando el se detuvo sobre el hoyo de mi culo yo solo estaba pensando en lo impensable

Felipe se había detenido, temeroso quizás de su propia audacia y yo sumida de lleno en la vorágine del deseo me escuche decir..

Mételo.- por favor mételo-.y entró

Entraba. Entraba más de lo que yo nunca hubiese imaginado que podría entrar y al hacerlo era como si hubiese roto el sello que aprisionaba mi calentura y la suya de modo que nos movíamos ondulando nuestros cuerpos con delicadeza , mientras el recorría mi interior con sabiduría de artista . Respirábamos hondo y agitadamente.

Sentía latir mi culo con un latido profundo y apagado, pero de todos modos placentero., Estaba desnuda y tranquila. La tarde estaba calurosa.

Por alguna razón que ignoro, sentía mi culo enorme de grande, así como lo imaginaba Raúl. …Culo de yegua.

Ahora entendía plenamente el deseo burdo de mi grosero hermano y entendía que esa grosería suya tenia una componente soberbia de placer.

Una agitación profunda y placentera me invadió. Me clavé profundamente en el mástil de Felipe y levanté la cabeza para mirar. Ahí frente a mi Felipe apretaba en su mano su pija gruesa y palpitante desde la cual manaba una cinta de semen espeso que se llenaba su mano. Con delicadeza Felipe extendía el liquido caliente por mi piel , Lo hacia como si quisiera pintar mis nalgas y mis pechos y mi vientre con esa pintura caliente con la cual me dibujaba

Felipe me penetraba en silencio, como en una ceremonia. Quizás el imaginaba que su pija era el pincel con el cual podría pintar hasta el ultimo rincón de mi culo profundo, porque me tiraba con arte y mi mente oscilaba entre esa sensación diáfana y suave de su penetración y el deseo terrenal de escuchar la voz promiscua de Raúl diciéndome que me partiría como a una yegua, y me la metería sin piedad hasta el fondo de mi puto culo. Como me lo había dicho tantas veces

Ahí abajo entre mis nalgas todo era suavidad, y el ritmo de la entrada y salida de Felipe creaba en mi culo orgasmos nuevos en sucesión con todos los colores que el era capaz de manejar.

Cuando las ultimas gotas de Felipe se derramaban en mi interior giré con calma sobe mi misma para extenderme sobre la mesa como buscando una tregua Me sentí relajada con mis pezones apuntando al cielo y mis piernas colgando pesadamente desde la meza con los muslos separados. Había cerrado los ojos

Cuando volví a abrirlos vi. la figura imponente de mi hermano Raúl, desnudo frente a mi.

Mostraba una erección amenazante. Hacia oscilar en su mano como el hacha de un verdugo su pene terrorífico.

Pero yo no tenia miedo.

Mas bien estaba anhelante de ese sacrificio, lo esperaba desde que Felipe había salido de mí. Anhelaba la otra mitad de mi iniciación, quería ser cuanto antes la mujer completa. En ese momento recordé a la Sandra y evoqué el perfume de mujer caliente que impregnaba su sabana roja.

Raúl levantó mis piernas hasta ponerlas sobre sus hombros. Se apodero de mis pechos con sus manos gigantescas al mismo tiempo que ponía su pija gigante sobre la tela caliente y tensa de mi himen aún intacto.

Yo anhelaba que en ese momento me dijera las cosas horribles y groseras que acostumbraba a decirme cuando me encontraba sola por la casa. Esas palabras que yo había aprendido de memoria y que repetía en silencio con la cabeza hundida en mi almohada en las noches calientes de mi soledad.

Pero el estaba mudo, como si toda su grosera elocuencia se hubiese transformado en una creciente tensión de todos los músculos de su cuerpo que se apegaba al mío.

Y mientras destrozaba mi himen con la voluntad penetrante de un potro salvaje, yo iba repitiendo en mi mente las palabras con las que el me había descrito.

A medida que en silencio evocaba esa palabras soeces .- mi sexo abierto palpitaba respondiendo a las violentas clavadas de mi bruto hermano. Y cada una de esas palabras evocadas desencadenaban en mi el deleite de las caricias que me había brindado Felipe.

Ahora entendía que ellos me habían hecho una mujer completa .

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Categoria: Incesto. 1,730 lecturas.
Publicado el 23-7-2009 por Achorro