Ana te está esperando en su Webcam

La boda de mi hija


Es costumbre a nivel mundial que cuando la novia camine rumbo al altar debe ser el día más feliz de su vida. Independientemente de su estatus social, éste es el día en que toda chica debe sentirse como una reina; debe sentirse tratada cómo si fuera parte de la realeza por todos sus amigos, familiares e incluso extraños (sí, porque no decirlo, gorrones) que asisten a la boda.

Lamentablemente no fue así con mi hija Diana.

Hasta antes de una hora de la boda, todo marchaba como se había planeado. Mi hermosa hija se veía radiante en su blanco vestido de bodas y yo, el orgulloso padre, estaba a punto de darle la mano de mi hija a un hombre que la haría feliz por el resto de su vida; o al menos eso era lo que yo esperaba.

Diana estaba más feliz que nunca, como nunca antes la había visto, en el momento en que la llevaba en el auto rumbo a la iglesia. Pero de pronto, todo se derrumbó…

Habíamos estado dando vueltas a la manzana, esperando a que el novio llegara a la iglesia, durante al menos 30 minutos y yo ya comenzaba a esperarme lo peor…

Hubo un momento en que incluso deseé que el tipo hubiera tenido un accidente con el cual justificara su retraso pero no iba a ser así.

Una nota cobarde fue entregada por uno de sus mejores amigos justo cuando el padre salió a decir que ya no podía esperar más tiempo.

La nota decía que no podía casar con mi hija debido a que ella nunca había sabido valorar el amor que él le tenía y unas mil injustificables excusas más que no viene al caso citar.

Los parientes del novio, que eran antiguos amigos de mi familia, se molestaron casi como nosotros al saber que el cobarde de su hijo no se presentaría.

Diana estaba inconsolable y su madre, en un afán de evitarle mayor sufrimiento me pidió que nos fuéramos al hotel donde la fiesta estaba programada y había una suite presidencial reservada para ella y su novio, bueno ex novio.

Decenas de carros nos siguieron rumbo al hotel ya que me parecía absurdo cancelar la fiesta, fiesta por la cual ya había pagado y a la cual habían venido muchas personas desde lejos, todo por culpa del patán del ex novio de mi hija.

Cuando arribamos al hotel, mi esposa Susana se llevó a mi hija a la suite presidencial ya que mi hija lloraba inconsolable y no quería estar presente en la fiesta por obvias razones.

Yo por mi parte me quedé atendiendo a los invitados e incluso, ya cuando estaba un poco pasado de copas, hice un brindis por la cobardía de aquél patán al que yo juraba quería matar en ese momento.

Todos los invitados se comportaron de manera muy amable conmigo y fueron cómplices de mi odio hacia el cobarde ex novio de mi hija.

Alrededor de las 9 de la noche, la banda arribó y con ello las últimas botellas de vino se agotaron. Para ese entonces, muchos de los invitados ya estaban borrachos y el espíritu de la fiesta estaba al máximo.

Era un día triste para la familia pero aquel ambiente tan lindo hizo que me olvidara un poco de todo lo malo. Incluso yo aproveché para bailar con una que otra sobrina de mi esposa que estaban bien buenas.

No fue si no hasta que la mayoría de los invitados se comenzaban a retirar que vi a mi esposa caminar de prisa hacia mi con una mirada de preocupación que me preocupó mucho.

Me dijo que Diana había estado llorando durante horas inconsolablemente, se había terminado una botella de champagne sola y luego se había quedado dormida profundamente pero que en ese momento se había despertado y estaba preguntando por mí. Le dije a mi esposa que atendiera ella a los últimos invitados que quedaban en lo que yo iba a consolar a mi hija.

Toqué suavemente un par de ocasiones en la puerta de la suite presidencial pero no obtuve respuesta. La puerta no estaba cerrada así que gire la perilla y entré en la habitación.

Las cortinas de la sala de estar de la suite estaban cerradas pero no por ello estaba oscuro. Unas pequeñas lámparas elegantes que había en cada esquina iluminaban ligeramente la sala de estar.

De inmediato le hablé a mi hija y de la habitación pude escuchar el sonido de pisadas que se acercaban. En cuestión de segundos, Diana corría hacia mí con los brazos extendidos llorando inconsolablemente:

-Papi… Papi! Porque me pasa esto a mí? Siempre he sido una buena chica!

Al estar cerquita de mí, perdí todo el sentido de lo que ella estaba diciendo.

Para ese momento Diana ya se había quitado su traje de novia con excepción del velo que aún cubría su bello rostro y se encontraba junto a mí en ropa interior, la cual consistía en un bello conjunto blanco; bastante sexy por cierto.

Finalmente mi hija se acercó a mí, se alzó en puntitas y rodeó mi cuello con sus brazos.

Era algo natural para mí abrazarla de esa forma pero cuando mi mano sintió la desnudez de los hombros de mi hija me sentí un poco inquieto. Ella me abrazó fuertemente y presionó su cara contra mi mejilla.

-Como fue capaz de hacerme esto papi? Porque?- era lo único que me decía.

Trate de darle algunas palabras de consuelo pero nada de lo que yo dijera en ese momento la haría sentir mejor; solo el tiempo curaría aquella herida.

Diana retiró sus brazos y lentamente levantó su velo mostrándome su rostro.

Le miré fijamente a sus bellos ojos azules. Era claro que había estado llorando pero en ese momento su mirada era extraña. Sus ojos estaban medio abiertos pero su mirada estaba llena de aquel deseo que los hombres vemos en las mujeres cuando están sumamente excitadas.

Su rostro era una verdadera belleza femenina y cuando paso su lengua por sus labios rojos y brillantes obtuvo mi completa atención.

Diana me rodeó con sus brazos por el cuello nuevamente, pero esta vez, en vez de presionar su rostro contra mi mejilla, llevo su cara a un lado mío y me susurró al oído derecho:

-Eres el único hombre al que podré amar en esta vida… y sabes porque?… Porque eres el único que me ha hecho sentir como una princesa desde el día en que nací.

Recuerdo que en ese momento le dije que era mi única hija y que por ende era natural que yo la tratara como mi tesoro más valioso.

-Papi… esta noche no quiero que me trates más como a una princesa…- en eso mi hija dijo las palabras que en toda mi vida he de recordar- Esta noche quiero que me hagas mujer…

Con eso dicho, de inmediato sentí los labios de mi hija besando mi oído. Su tibia respiración se sentía muy bien conforme su boca se movía lentamente por todo mi rostro. Al mismo tiempo, miré hacia abajo y vi que Diana había levantado su pierna derecha y la había colocado entre las mías. En uno o dos segundos sabía que pronto su pierna estaría cepillándose contra mis bolas y, aunque me cueste trabajo decirlo, mi más que nunca dura verga.

Los besitos suaves pero excitantes de mi hija se fueron acercando a mi boca y fue en ese momento que sentí que debía detenerla pero no pude. Así que justo después de eso, comencé a sentir la suave rodilla de mi hija cepillándose contra mis bolas y sus ricos labios en las orillas de mi boca.

-Te necesito más que nunca papi…- me decía mi hija con un tonito de voz que nunca antes le había escuchado y por dios que como me estaba excitando!- Hazme el amor papi… llévame a la habitación y fóllame hasta que este dolor desaparezca de mi vida…

Mi hija hablaba en una forma tan excitante que difícilmente me hacía poner resistencia. Pero cuando le recordé que era su padre y que no debía de estar hablándome de esa manera, Diana se sujetó fuertemente de mi cuello y haciendo uso de su pie que estaba apoyado en el suelo como una sólida base, me empujo hacia la puerta.

Al ser sacada de balance de esa manera, solté a mi hija de sus hombros pero pronto la tome de la cintura. Se sentía también que para cuando quería soltarla ya mi hija me estaba dando pequeñas mordidas en mis labios y al hacerlo, al mismo tiempo buscaba con su lengua entrar en mi boca.

Fue en ese entonces que me envolví en el deseo intenso que solo una relación prohibida te puede dar. También me percaté de que no solo mis manos sujetaban a mi hija de la cintura si no que mis dedos pequeños de las manos comenzaban a tocar su rico trasero.

Por supuesto que yo nunca antes había tocado el cuerpo de mi hija en esa parte pero resultó ser una experiencia sensacional.

-No deberíamos estar haciendo esto Diana…- le dije sin convicción alguna.- Soy tu padre, que va pasar si tu madre viene a verte y nos sorprende? Nunca nos perdonaría…

-Te necesito papi… no sabes como te necesito…

Con eso, la mano izquierda de Diana paso de mi cuello a la altura de mi cintura y después escuché claramente el sonido del pasador en la puerta.

-Nadia va entrar…- me susurró sin dejar de mirarme con sus irresistibles ojitos azules.

Y luego, antes de que pudiera saber lo que estábamos haciendo del todo, ya estaba intercambiando saliva con mi hija. Mis manos se posaban sobre sus duras nalgas mientras nuestro beso se volvía cada vez más apasionado.

-Llévame a la habitación y hazme mujer papi…- me suplicó.

La siguiente cosa que supe fue que ya me encontraba intentando cargar en mis brazos a mi hija y luego la lleve, así, cargada en mis brazos hasta la habitación. Diana aún tenía sus brazos alrededor de mi cuello y yo no podía meter lo suficiente mi lengua en su boca como para calmar el deseo que sentía por ella en ese momento.

Entramos a la habitación como marido y mujer, conmigo cargándola en brazos; como suele decirnos que deben entrar los recién casados, la costumbre. La habitación lucía sumamente romántica, adornada con veladoras por todos lados y un sin fin de pétalos de rosas rojas y blancas por toda la cama.

Suavemente recosté a mi ya casi desnuda hija sobre la cama matrimonial y luego di un paso hacia atrás para mirarla lleno de deseo. Diana se veía divina! Parecía invitarme a que gozara de todo su cuerpo y por ningún motivo iba a rechazar su invitación.

Me quite el saco y lo lancé a la silla cercana. Luego me recosté a su lado y una vez más comencé a besar con pasión a mi princesita.

Podía escuchar gemir sensualmente a mi linda hija mientras la agarraba fuertemente de las nalgas y no paraba de besarla. Esto hacía que mi excitación creciera a mil por minuto.

Su cintura era tan pequeña y sus nalgas tan paraditas y bien formaditas que me sentí en el paraíso. Comencé a besarla lentamente descendiendo por todo su cuello hasta sus hombros, sus dos senos que eran semi visibles a través de su brassier, brassier que no tardaría mucho en retirar para dejar en libertad el par de tetas más espectaculares y hermosas que he visto en toda mi vida.

Después, cuando lamí sus pezones duro como las rocas con mi lengua hice que mi hija tuviera un par de convulsiones sobre la cama. Sabía que el momento había llegado, era hora de que mi hija se convirtiera en mujer y que mejor que papi para su primera vez…

Pase unos cuantos minutos mamando las tetas de mi hija, Diana para ese entonces ya estaba cerca de su primer orgasmo.

Mi mano bajo hasta su conchita y su calzón tipo tanga ya se encontraba empapado. Era una señal hermosa. Rápidamente, sin dejar de besarla y acariciarle la concha, con grandes maniobras logré quitarme toda la ropa.

Mi verga de inmediato saltó como un resorte; se encontraba casi verticalmente cuando Diana se sentó en la cama para verla.

-Ven a probar la verga de papá preciosa…- le dije en una mezcla de orden y petición.

En eso mi hija rodó lentamente hasta la orilla de la cama. Al primer contacto de su mano con mi carne sentí que las bolas me estallaban.

Al mirar a mi hija al rostro ella me regaló una encantadora mirada sexy que me hizo derretir y casi explotar en un orgasmo.

Después, lentamente sus labios comenzaron a besar la más que hinchada cabeza de mi verga. Luego comenzó a pasear sus labios por toda mi verga sin dejar de mirarme un solo segundo a los ojos. Fue en ese momento que no soporte más la tentación de tener aquel mujerón a punto de mamarme la verga y la tome por la cabeza y casi le hundí a la fuerza la verga su rica boquita.

Jalé la piel de mi verga de atrás hacia delante mientras Dianita me la chupaba riquísimamente. Estaba desesperado por terminar en su boca pero también estaba desesperado por ser el primer hombre en su vida (sabía que sería el primero por el tipo de educación y valores que mi esposa y yo siempre inculcamos en nuestra hija). También sabía que el tiempo no era mi mejor aliado ya que en cualquier momento mi esposa despediría a los invitados y estaría llamando a la puerta. Así que después de un par de minutos de estarme follando el bello rostro de mi hija, saque mi verga de sus labios y la empujé gentilmente hacia la cama haciéndola caer de espaldas.

Las piernas de mi hija se encontraban abiertas frente a mí. Con mis bóxer, aún por los tobillos, me aproxime a ella y colocándome en posición guié mi pene hacia la preciosa conchita virginal de mi hija.

Conforme mi pedazo de carne iba llenando aquella rica y apretadita grita mi hija gimió con delirio. Cuando sentí su pequeña barrera, me sentí el papá más orgulloso del mundo y después de un empujoncito con fuerza terminé con su virginidad arrebatándole un suspiro enorme de placer y dolor.

-Aaaauuugggghhhhh…

Ella ya había rodeado mi cintura con sus piernas cuando comencé a dar mis primeras embestidas tiernas y suaves sobre su rica conchita recién desvirgada.

-Ohhhh Hmmm papi…

Escuchar a mi hija hizo que el ritmo de mis embestidas incrementara. Sus labios rojos me besaban de vez en cuando sacándome de la imaginación y cuando estaba a punto de soltar todo mi semen en su interior agaché mi cabeza posándola junto a sus hombros y luego violentamente comencé a besarla en la boca.

Mi verga y mi lengua en ese momento penetraban las dos deliciosas aberturas de mi hija al mismo tiempo. Intenté aguantar lo más que pude pero cuando mi hija Diana gritó indicando que llegaba al orgasmo no pude más y solté todo mi semen en su interior.

-Aaaahhhhh Papiiii que rico sientoooo!! Hmmm

Dios, nunca olvidare lo que se siente soltar toda la leche en la concha de mi hija haciendo que cada rincón de su conchita se llenara del semen que le había dado la vida 19 años antes.

Seguimos besándonos mientras mi pene soltaba las últimas gotas dentro de su conchita. Al sacarlo pude escuchar un pegajoso sonidito y me di cuenta de que la concha de mi hija se encontraba soltando aún semen que supongo ya no le cabía.

En ese momento pensé en el idiota del ex novio de mi hija y de lo que se había perdido. Él se suponía que era el indicado para desvirgar a mi hija pero el destino al parecer había querido que fuera su papi, el hombre que más le amaba en el mundo, quien la desvirgara.

Y ahora que la había hecho mujer no renunciaría a dejar de hacerle el amor, no, no, no, mi hija estaba por entrar a una vida donde papi le haría el amor todas las noches que fuera posible.

Mientras me comenzaba a vestir ya de pie a un lado de la cama, pensaba en lo que haría de ese día en adelante: primero que nada le compraría un carro a mi hija para que ya no dependiera de su madre al moverse por la ciudad, después rentaría un departamento el cual sería nuestro nidito de amor y le pediría que nos viéramos a diario después de mi trabajo para follar como locos sin que su madre ni nadie sospechara nada.

-Papi… me encantó… te amo… eres el amor de mi vida…

Después de vestirme le dije a mi hija que debía ser discreta en casa, le prometí que haríamos el amor todas las noches, le conté del carro que estaba por comprarle y le platiqué del departamento que tenía pensado rentar. Luego de eso mi hija me miró como una enamorada lo hace y después de sellar su promesa de amor eterno con un rico beso le dije que debía regresar a la fiesta antes de que su madre volviera y fuera a sospechar algo.

Justo antes de salir de la suite mi hija quien me había acompañado a la puerta me dijo:

-Estoy celosa de mamá… ella te tendrá para ella sola toda esta noche…

-No tienes porque estar celosa, tú madre no hará muchas cosas conmigo de hoy en adelante. Te prometo que tú serás la única dueña de mi ser de hoy en adelante…

Mientras regresaba a la fiesta algo extraño me ocurrió. Verán, por extraño que parezca, esta no había sido mi primera experiencia en el mundo del incesto. Mi primera vez ocurrió hace muchos años cuando era un joven viviendo con sus padres.

Esa ocasión había sido un día caluroso, largo y aburrido; la noche no sería la excepción.

Estaba en la edad que las erecciones son constantes y usualmente me venían en los momentos menos convenientes.

Recuerdo que ese día se me había parado la verga muchas veces; incluso en la escuela. Pero a solas en mi habitación, debajo de la sábana de mi cama individual, al menos allí sí podía aliviar mi tensión sexual de la que estaban cargados mis testículos.

El calor nocturno y la humedad habían causado una tormenta enorme; tanto así que se había ido la luz en mi casa. A mi no me importo pues ya estaba lo bastante grandecito como para espantarme por una tormenta eléctrica, además estaba muy excitado como para dejar de masturbarme por culpa del clima.

Estaba masturbándome justo cuando escuché que llamaban a mi habitación. Debía ser mi padre o mi madre que acababan de llegar del trabajo. Intenté ignorar el llamado para que creyeran que estaba dormido, deseando que con ello se fueran y me dejaran masturbar a gusto pero nuevamente volvieron a llamar y como no volví a hacer caso, mi madre abrió la puerta. Rápidamente saque mis manos de debajo de la sábana y me senté en la cama. Mamá se quedo de pie frente a mi puerta con una enorme vela.

-Aún estas despierto cariño?

-Si mamá… los truenos no me dejan dormir.

-A mi tampoco, odio estas noches. Tú padre afuera revolcándose con alguna gata y yo con el enorme miedo que le tengo a los relámpagos desde que era pequeña… te molestaría si me meto contigo en la cama hasta que tu padre llegue o pase la tormenta?

Difícilmente pude haberle dicho que no a mi madre en ese entonces, no le iba a decir no mamá, no puedes meterte conmigo en la cama porque estoy en medio de mi masturbación. Así que le dije que no había problema.

Mi madre cerró la puerta y se aproximó hacia mi cargando la vela. Después colocó la vela en la mesa de un lado de mi cama y fue en ese entonces que me sorprendí con lo que me mostró la luz de la vela; mi madre vestía tan solo un baby doll negro que nunca antes había visto, por obvias razones, pero que se le veía divinamente…

Retiré la sábana para que mi madre entrara pero ella me dijo que hacía mucho calor y que prefería quedarse fuera de ella. La sentí recostarse junto a mí y en ese momento me dijo:

-Hace demasiado calor… mira, tócame para que veas como estoy de caliente cariño…

Tentativamente extendí mi mano derecho hacia su frente y la toqué. Luego le dije si no le importaba que apagara la vela para poder conciliar el sueño y me dijo:

-No, siempre y cuando le des a mamá un besito de buenas noches…- el tono de su voz me era desconocido.

Aún así me giré y le di un beso a mamá en la mejilla y en eso ella me dijo:

-Eso es todo?

Pretendí no haber escuchado sus palabras y cerré mis ojos sin darme cuenta de lo que estaba por suceder. Si tan solo hubiera sabido que mi madre era ninfómana….

-Bueno, supongo que si tu no quieres besar como se debe a mamá tendré que hacerlo yo…- me dio con una voz silenciosa.

Me giré y la observé en un asombroso silencio mientras mi madre me estampaba un rico beso en los labios que aunque pude detenerlo no lo quise detener.

Pronto sentí su lengua dentro de mi boca y mi respuesta fue abrir más mi boca para recibirla completamente.

En ese momento mi verga se salió de mi calzón por un lado y mi madre con una mano la tomó y me dijo mientras me masturbaba:

-Veo que ya eres todo un hombre…

Después de eso se colocó en mi entrepierna y me regaló lo que sería mi primera experiencia con el sexo oral.

Creo que fue de las mejores de mi vida; supongo por haber sido la primera y sobre todo porque era mi madre quien me la mamaba intensamente.

Antes de explotar en su boca yo ya estaba desesperado por follar a mi madre así que tirándola sobre la cama boca arriba me coloqué en medio de sus piernas y le metí la verga lo más profundo que pude. Fue riquísima mi primera vez con mi madre!

Recuerdo haberla follado de perrito sobre la cama y enorme ruido que la cama vieja de mi cuarto producía al ritmo de mis embestidas. Mamá gritó como loca toda esa noche, incluso hubo un momento en que temí que los vecinos nos fueran a denunciar pero supongo que si alguno de ellos la escuchó, jamás logró imaginar que se trataba de su hijo quien la estaba follando fuertemente. Estoy seguro de que se imaginaron a cualquier menos a mí.

Papá llegó de “trabajar” como a las 2 de la mañana, justo a la hora en que mi madre y yo terminábamos de coger por tercera ocasión. La encontró en mi habitación, semi desnuda pero supongo que era tanto el nivel de alcohol que traía para ese entonces que nunca estuvo seguro de lo que allí había pasado.

En los siguientes años mi padre dejó de salirse con sus amigos a fiestas y se dedicó a satisfacer mejor sexualmente a mi madre pero claro ella nunca estuvo satisfecha y más de una vez volvimos a follar incluso en su habitación mientras papá no estaba. Siempre tuve miedo de embarazar a mi madre pero ella siempre me decía que no había ningún problema ya que ella se había operado y yo pues seguro de su decir siempre terminaba inundando su vagina de semen. Con el tiempo vino un hermanito, mi madre no sabía que decir y por más que intentaba culpar a la negligencia médica. Yo siempre supe que aquella operación nunca había sido hecha y aunque no supe si el hijo era mío o de papá decidí dejar que mi padre se hiciera cargo de él por razones obvias.

Justo cuando regresé a la fiesta donde se encontraba mi mujer despidiendo a unos invitados sin sospechar nada miré a mi padre quien se encontraba sentado en la barra. Caminé hacia él pues sentí un pequeño remordimiento por lo que había hecho con mi madre en años pasados y en ese entonces mi esposa me interceptó para preguntarme por nuestra hija.

Le expliqué que se había quedado dormida y que lo mejor sería no molestarla hasta el día siguiente.

Llegué a donde estaba mi padre y le dije:

-Papá… tengo que hacerte una confesión…

Mi padre me miró como si supiera de lo que se trataba y la verdad así era, mi padre siempre lo supo por años solo que no tenía la forma de comprobarlo.

-Que me vas a decir hijo, que te follaste a tú madre durante mucho tiempo y que los dos me vieron la cara de pendejo creyéndome un ingenuo?

No supe que decir, supongo que mi padre guardaba mucho rencor desde ese entonces pero hasta ese momento, con mi confesión que hacía prueba rotunda de lo que había visto en el pasado, es que había decidido descargar toda su ira.

-Yo se como remediarlo papá…- le dije avergonzado, sin poder mirarlo a los ojos.

-Y como lo harás? Acaso es que regresarás el tiempo y le sacarás la verga de la concha a la puta de tu madre?

-No papá… tengo una mejor manera de hacerlo… Diana…- le dije esta vez mirándole a los ojos, esperando ver cual era su reacción.

-Me estas sugiriendo que me folle a mi nieta?

-Si papá… eso es lo que estoy sugiriendo.

Mi padre después de levantarse y llevarme a un lugar lejos de mi madre, mi mujer y unas cuantas personas más, me preguntó si mi hija estaba de acuerdo con ello. Le dije que no lo estaría pero que entre nosotros dos no debería haber rencores y que esa sería mi manera de solucionar las cosas. Le dije que yo me haría cargo de todo lo que sucediera con motivo de eso. Además yo estaba seguro de que mi padre le tenía tantas ganas a mi hija como yo pues varias veces antes le había cachado mirándole el culo o las tetas discretamente.

Mi padre me preguntó que cuando y en donde. Le dije que al día siguiente cuando mi madre y mi mujer se fueran a regresar al sacerdote que habían traído especialmente para la boda a su pueblo natal. Después de un silencio total de 15 minutos mi padre asintió con la cabeza y me dijo que él esperaría fuera de mi casa en su carro a que yo le diera la señal.

Al día siguiente, en la tarde, a las 6:30 para ser más exactos, mi mamá y mi mujer partieron rumbo al pueblo natal del sacerdote. De inmediato me asomé por la ventana y vi el auto de mi padre tal y como él me había indicado que estaría esperando. Salí de casa y fui a su auto, le di la llave de mi esposa para que entrara en mi casa y le dije que pondría música lo suficientemente fuerte como para que entrara sin escucharse. También le dije que yo agarraría a Diana mientras él la follaba a de espaldas para que ella no lo viera.

Regresé a mi casa y le grité a mi hija, quien se encontraba en su habitación arreglándose para “mí”. Mientras bajaba puse música lenta y romántica. Luego de unos minutos escuché bajar a Diana.

Cuando mi hija llegó ante mí lo primero que vi me dejo tieso:

-Mi hija lucía un baby doll negro que contrastaba preciosamente con su piel blanca y dejaba ver claramente sus figuras de mujer…

Quién lo hubiera dicho, mi hija usando un baby doll parecido al que uso mi madre en nuestra primera vez.

-Te gusta papi?

-Ven acá preciosa…

Diana caminó hacia mí y extendiendo sus brazos me dio un enorme abrazo.

Mientras nos besábamos apasionadamente la lleve hasta el sillón más cercano a la puerta y como esperaba la música, que estaba bastante alta, cubrió el sonido que hizo mi padre al entrar en la casa. Giré a Diana de espaldas a la entrada de mi hogar de manera que mi padre miró desconcertado pero a la vez sumamente excitado la escena.

Incliné a Diana sobre el sillón de espaldas a mí y le dije que levantara el culo porque su papi se lo iba a estrenar.

Mi hija inmediatamente hizo lo que le ordené y yo por mi parte le hice la señal a mi padre para que se fuera sacando la verga. Sabía que era cuestión de tiempo para que mi hija se diera cuenta de lo que sucedía pero no iba a dar marcha atrás.

Así como estaba mi hija, inclinada sobre el sillón y yo a su espalda, comencé a acariciarle el culo y a bajarle la tanga cuando mi padre con una mano le acarició el culo también. Mi hija al sentir una tercer mano volteó asustada y gritó:

-Nooo!!! No abuelo!! No!!!

En ese momento actué a gran velocidad y me moví para facilitarle a mi padre su éxito con mi hija.

Mientras tanto agarré a Diana de manera que la inmovilicé sobre el sillón e hice que levantara el culo al máximo. Luego miré la verga de mi padre y me sorprendí de lo dura que el viejo hombre la tenía pero después de todo no era para menos pues no cualquier hombre a esa edad tiene la oportunidad de follarse a su nieta por el culo.

Con ciertas dificultades que te pone un culo virginal, mi padre comenzó a penetrar a Diana por el culo.

-AAaaauuuhhhhhhggggghhhh abuelitooo noooo!! Detente! Para por favor para!! Me duele mucho- gritaba mi hija volteando a vernos a los dos en busca de piedad.

Pero aunque suene triste decirlo, mi padre nunca escuchó sus suplicas, ni se detuvo si no todo lo contrario, parecía excitarse más y más con ellas y pronto comenzó a embestir con una fuerza descomunal el anito de mi hija.

-Uuuuufffff que buena estas Dianita!! Ohhhhh

-Aaauuhhhhhhhh me duele abuelito me duele!

Mientras mi padre la follaba, su expresión era casi demoniaca.

Cuando no pudo más, mi padre, tomándola de la cadera fuertemente, comenzó a vaciar toda su leche en el culo de Dianita.

-Aaahhhhhh que rico culo tienes condenita nietecita! Aaahhhh

Mi padre sacó la verga del ano de mi hija y paseándola por todas sus nalgas, como tanteando el terreno al que había penetrado, terminó de rosear las últimas gotas de semen.

Después de un minuto o poco más, Diana permanecía sobre el sillón aún cuando yo ya la había soltado. De su culo goteaba aún el semen de mi padre quien se despedía de mí y me agradecía todo diciendo que estábamos más que a mano.

-Difícilmente me pudiste haber pagado mejor… ese culo es una maravilla… apretadito y rico como me gustan… si alguna vez llegas a necesitar dinero para cualquier cosa ya sabes como conseguirlo… yo encantado de pagar cualquier cosa con tal de volver a disfrutar de ese mujerón de hija que tienes…

Después de eso papá se dio media vuelta y se fue a su carro. Yo regresé a donde estaba Diana, su rostro me miró y trate de disculparme con ella por lo sucedido diciéndole que mi padre me había visto salir de la suite y se había dado cuenta por lo que me había chantajeado. Pero le prometí que de ese día en adelante solo seríamos ella y yo. Fue entonces que con todo eso me di cuenta de que mi verga estaba bien dura. Miré el reloj para ver cuanto faltaba para que mi esposa regresara y antes de que mi hija me diera el perdón ya le tenía la verga bien adentro de la concha…

Después de esa cogida mi hija me condicionó su amor a una sola cosa: que dejara a su madre y me fuera a vivir lejos con ella…

Hoy en día mi hija tiene dos hermanitas más si es cómo se le pudiera llamar a sus hijas que son de su padre.

No related posts.

quitar 1 puntosumar dos puntos (+6 puntos)
Loading ... Loading ...
Categoria: Incesto. 4,750 lecturas.
Publicado el 30-5-2009 por Achorro