Dos hermanos y un destino
El destino es un concepto hondo sobre el que resulta difícil establecer una conclusión definitiva. No creo ni quiero creer que mi primo Fidel y mi prima Toñi estuvieran «destinados» a mantener relaciones incestuosas, pero, la verdad, resulta difícil sustraerse de un concepto así a la hora de explicar lo sucedido entre estos hermanos.
Quien lea este relato podrá comprobar que, salvo que te agarres a tópicos manidos como «la primavera la sangre altera» y «la carne es débil», acabas aceptando que en esta historia hay algo más sutil, más imperceptible, y que tal vez pueda llamarse destino. Se dan en ella tantas circunstancias capaces de debilitar voluntades que uno no sabe si creer que son fruto de la casualidad, si las provoca «el diablo que anda suelto», como diría la yaya, o si los hados nos mueven los hilos como a marionetas.
La historia arranca un viernes, nueve de la noche. Fidel vuelve a su casa tras intercambiar apuntes con compañeros de la Facultad. Se detiene en un kiosco y compra la revista mensual que colecciona desde hace un año. Al llegar deja la revista sobre la mesa del salón y escucha el mensaje grabado en el contestador automático. Es de sus padres. Dicen que se quedarán en el pueblo hasta el martes.
─ ¡Ole! ¡Guay! ¡Alabada seas, Isis!
Fidel salta de alegría y da gracias a «su» diosa preferida de la mitología egipcia. Él es así, raro, hasta para dar las gracias. Se alegra porque será «el faraón» de la casa durante tres días seguidos. Oye de nuevo el mensaje, ahora para troncharse con las neuras de mamá:
«…Tenéis llena la despensa y la nevera. No comáis sólo bocadillos. Haceros ensaladas y alguna crema, una sopa, un potaje o un pescadito a la plancha… Y fruta, mucha fruta… y nada de porros, ¿me oís?, nada de porros…»
«…Toñi, no salgas tanto y estudia… y que no me entere yo que metes en casa al novio ése que tienes… ése rubiales, sí, ¿cómo se llama? ¡El de los tatuajes hasta en el culo!… ¡Dios me libre de lo que dirían los vecinos!…»
«… Y cuando vuelva lo quiero todo bien recogido… ¿me oyeron? Bueno, un beso a los dos. No nos llaméis al móvil que aquí no hay cobertura… Si necesitáis algo llamarnos al fijo de la tía Rosario, que sigue malita… Adiós…»
Fidel tiene veinte años y es de mediana estatura, bien parecido y con cierto aire de intelectual, pero de un intelectual que se jacta de poseer una polla grandota y de altas prestaciones. Tal vez por eso recordó a Isis, diosa que, valiéndose de su magia, recompuso el cuerpo descuartizado de su esposo ─excepto el pene, que no fue hallado─ y lo resucitó del mundo de los muertos. Fidel preferiría no resucitar con semejante minusvalía porque ¿qué sería de él sin su polla?, ¿para qué demonios serviría? «¡Sin polla no vale la pena vivir!»
Tres días de faraón doméstico cunden mucho. Fidel quiere dedicarlos por entero a él mismo. «Ni amigos ni discotecas ni cervezas. Nada de nada. ¡Mi mundo y yo!», se juramenta. Tres días chachis para estudiar y hasta para despachar el relato que tiene a medias sobre sus mejores revolcones. Le gusta escribir y se entrena con lo erótico. Presiente que en su interior se oculta un futuro gran escritor, pero de momento sólo es un magnífico torturador de textos, amigo de rodar comas y de recargar con frases estereotipadas. También quiere gandulear. Gandulear es lo mejor. Gandulear recarga las pilas.
La única plaga que puede estropearle los planes al faraón acaba de llegar. Es Toñi, su hermana, a la que él suele llamar Pelandus, voz libre que ahorra una sílaba a la palabra «pelandusca». Toñi o Pelandus, que tanto monta, tiene dieciocho años y es una chica sexy, rellenita, de grandes tetas y culo abundante y rico. Menos mal que, aprovechando que sus padres están de viaje, seguramente no parará en casa. Y él no se chivará, claro. Él le dirá a Toñi que será una tumba egipcia. Para que se vaya.
Se siente obligado a comentarle a su hermana que mamá ha dejado un mensaje en el contestador automático. Ella lo escucha entre carcajadas. Fidel, que se cambia de ropa en su cuarto, le habla a gritos:
─ ¿Has oído lo que dice de tu noviete?
─ Sí, ¿y qué?
─ ¡Pues que aquí no lo traigas ni para mear!
─ No te preocupes. He reñido con él para siempre.
─ Ya, ya… Ese «para siempre» es la tercera o cuarta vez que lo escucho.
─ Ahora va en serio. Ya no le aguanto más. En estos tres días ni siquiera voy a salir para no tropezármelo por ahí. No quiero que vuelva a embaucarme.
«¡La madre que la parió!», Fidel suelta ese improperio en voz baja, pero sale de cuarto disparado, con cara de pocos amigos, y ya en pijama de pantalón corto.
─ ¿Cómo que no vas a salir? ¡Te vas a quedar en casa por culpa del tatuado ése! ¿Tú eres tonta o qué?
─ ¡Tranqui, tronco! Es una decisión personal que ni te va ni te viene. Quiero regalarme estos tres días para mí solita, para estudiar un poco y gandulear. ¿Tú no eres el que dice que gandulear recarga las pilas?
─ Es que yo también pensaba encerrarme en casa, y si ahora no cambio de plan acabaré loco: pondrás la música alta, me quitarás el mando de la tele para tus zappings, coparás el teléfono hablando con tus amigas cotorras… Tu lista de coñazos es interminable…
─ ¡Qué no, hombre! Ya verás como nos apañaremos bien. Tú a lo tuyo y yo a lo mío. Y además cocinaré para ti. Seré tu mujercita ama de casa…
Fidel sabe que debe resignarse. Ella tiene sus mismos derechos y lo de que será su «mujercita ama de casa» le ha llegado al alma del estómago. Toñi cocina de maravilla y él apenas sabe abrir el pan y meterle chicha.
Ahora es Toñi quien se pone el pijama. También elige uno veraniego. El pantaloncito corto realza su culo y la camiseta remarca la redondez de sus pechos y la rugosidad de sus pezones. No importa. No hay moros en la costa. Sólo su hermano Fidel, que es un pedazo de pan.
Vuelve al salón y ve la revista, que le vendría de perlas porque necesita ir al baño para hacer de vientre. Otra charla a gritos retumba en la casa:
─ Fidel, ¿la revista es tuya?
─ ¿Qué revista?
─ ¡La que está sobre la mesilla del salón!
─ Sí, claro. Es la que compro todos los meses.
─ ¿Puedo llevármela al baño?
─ ¡¿Ves cómo ya empiezas a darme la murga?! Yo iba a leerla ahora…
─ Sólo será un momento, chico.
─ Bueno, llévatela.
Nada más entrar en el baño Toñi quita el polietileno protector de la revista y lo tira a la papelera. Se sienta en la taza, abre la revista y ¡bang! Lo que aparece es un reportaje a doble página cuyo título viene en grandes caracteres: «El sexo entre hermanos, un placer de dioses». Se queda turulata unos segundos. Ella ha leído cosas de ésas, pero guarrillas, de las de Internet, y aquello parece algo mucho más sesudo, un trabajo periodístico en profundidad, analítico. Lo firma el mismísimo director de la publicación, y es una publicación de tirada nacional y temática general. El subtítulo del reportaje también la impacta: «Miles de hermanos mantienen relaciones incestuosas en muchas partes del mundo».
Toñi piensa que no puede ser verdad. O sí. Su evidente desazón la hace dudar, pero enseguida se decanta: «Es una revista de prestigio, rigurosa en todos los temas que aborda. Si no fuera verdad no lo publicarían…», Toñi devora con avidez aquel reportaje. Lo saborea. Siente una curiosidad morbosa. Se afana por asimilar lo que dice, y lo que dice la sorprende, le abre los ojos. Relee algunos párrafos y se queda con la esencia de sus contenidos:
«… En las antiguas civilizaciones el sexo entre hermanos era algo corriente, normal, y en la cultura griega incluso llegó a verse como un placer de dioses…»
«…Los principales enemigos de esta práctica, a la que denominaron «incesto», fueron las religiones, los prejuicios, las supercherías y los tabúes…»
«… Para atacar y condenar el sexo entre hermanos se emplearon decálogos y libros perversos, generalmente escritos por clérigos, que inculcaban la idea de que se trataba de un mal peligroso y pecaminoso, una tentación del diablo…»
A lo largo del reportaje, su autor ─varón de reconocida pluma─ no sólo no condena el incesto sino que, de forma velada, incluso promueve su práctica bajo la premisa de «sexo seguro» y con las precauciones debidas para evitar embarazos indeseados. Acaba su trasgresor reportaje dejando en el aire una pregunta: «¿Qué puede haber de malo en que dos personas, sean hermanos o no, disfruten de sus cuerpos?
Justo al finalizar la lectura Toñi oye que Fidel gruñe por el pasillo:
─ ¡¿Es que no vas a salir nunca, Pelandus?! Quiero echarle un ojo a la revista…
Ella, nerviosa, a duras penas consigue pronunciar unas palabras medio gagueadas:
─ En… en… enseguida… enseguida salgo… espera un momento…
Toñi se levanta de la taza patidifusa y mientras se recoloca el pijama la asaltan inquietantes cuestiones: ¿Sería ella capaz de…? ¿Cómo reaccionará Fidel al leer el reportaje?
Al salir del baño se cruza con su hermano y, sin atreverse a mirarle a la cara, le dice:
─ Señor de las prisas, aquí tienes tu revistita… Sólo he leído las críticas de cine…
─ ¿Sí? Pues tuviste tiempo para leerla de cabo a rabo…
─ ¡Qué exagerado eres!, replica Toñi con retintín al tiempo que se le escapa una mirada furtiva hacia la entrepierna de Fidel. Ella nota que su subconsciente la está traicionando y decide ponerle remedio:
─ Fidel, sólo son las once de la noche, pero ya me voy a la cama. Estoy cansada. Quiero dormir a pierna suelta.
─ ¿Y no cenas?
─ No, tampoco se me apetece. Lo de cocinar será a partir de mañana. Esta noche te preparas tú un bocata o lo que quieras, ¿vale?
Toñi acelera el paso, entra en su cuarto, cierra la puerta y se derrumba sobre la cama. No se reconoce. Está como turbada. De pronto recuerda que sus amigas opinan que Fidel está «buenísimo», «para comérselo de arriba abajo y hacerle favores a tutiplén». Ella nunca ha visto a su hermano desde esa óptica, aunque ahora que lo piensa es cierto que no está nada mal. También recuerda que alguna vez entró en el baño, sin saber que él estaba dentro, y le vio la polla. Era una señora polla, grande y gorda. Trata de no pensar en esas cosas, pero su cabeza parece ir por libre. Igual que su mano. Su mano ya está bajo la braga. Se acaricia. Los dedos encuentran el clítoris. Está muy excitada. Fricciona su chocho sin parar. Se mete un dedo, y otro, y otro. Jadea y estimula el clítoris con saña. Anda como loca. Se corre pensando en su hermano…
Fidel come su bocata en el salón, ve la tele y salta de un canal a otro, pero no le atrapa ningún programa. La apaga cuando termina de comer, se recuesta en el sofá y se da a la lectura de su revista. Interesante editorial. Sobre las mafias que operan en el país. Pasa un par de páginas que no le dicen nada y se topa con «El sexo entre hermanos, un placer de dioses». Sus ojos parece que fueran a desorbitarse. Engulle el reportaje línea a línea, palabra a palabra. No es un relato erótico, pero a él lo erotiza. Tiene la polla dura y tiene in mente el culito carnoso de su hermana y sus turgentes tetas. Nunca había pensando en ella como mujer, pero ahora sí. Ahora no se la quita de la cabeza. La polla ya amenaza con reventar. Necesita ir al baño y va. Se corre más rápido que nunca. Visto y no visto. Se corre pensando en su hermana…
Luego se acuesta. Quiere dormir y olvidarlo todo. Dos horas en la cama sin pegar ojo. Demasiado tráfico en su cabeza. Los pensamientos se atascan y se atropellan. Imposible conciliar el sueño… Regresa al salón y a la revista. Vuelve a leer el reportaje despacio, sin excitarse, cavilando… y llega a una conclusión: él sería capaz de follarse a Toñi. Para que su hermana le dé gusto a otro, que se lo dé a él. Se pregunta si debería intentarlo; analiza si es o no el momento propicio. Y piensa que sí lo es. Hasta un tonto sabría que lo es. Recuerda que Toñi tardó mucho en salir del baño. Seguro que leyó el reportaje. Seguro que se excitó. Por eso se acostó temprano. Para no verme. Para no calentarse más. Quiere que la folle. Esta asustada, pero quiere que la folle…
Camina sigiloso hacia el cuarto de su hermana y arrima la oreja a la puerta. No oye nada. Estará dormida. Duda entre abrir la puerta o marcharse. Decide su polla, que anda crecidita, morcillona, subiendo… Su polla quiere entrar y Fidel quiere concederle el capricho. Entra en el cuarto sin hacer ruido. Toñi duerme media destapada. La lámpara de la mesilla de noche, que olvidó apagarla, da una luz rojiza y tenue. La sábana le deja más de medio muslo a la vista. Está sexy, increíblemente sexy. Fidel se halla a los pies de la cama, pero sin saber qué hacer, sin saber cómo seguir. Debió trazar antes algún plan, pero no lo hizo. Hay que improvisar. Por fin tiene una idea. El plan perfecto…
─ ¿Estás dormida, Toñi? ─dice demasiado tímidamente, sin recibir respuesta.
La pregunta no ha valido, pero hablarle es el camino. Fidel ya sabe cómo seguir. Se coloca a un lado de la cama para estar más cerca de ella y del muslo que no cubre la sábana. Desde esa posición puede recrearse en los encantos de su hermana. Hasta aprecia que la piel del muslo tiene esa pelusilla rubia, casi invisible, que tanto le gusta en una mujer. Los pezones se intuyen a través del dibujo rugoso que forman en la camisa del pijama.
─ ¿Duermes, Toñi? ─insiste elevando el tono.
Ella asiente haciendo un gesto vago con la cabeza. Abre los ojos y vuelve a cerrarlos.
─ He entrado en tu cuarto porque me ha parecido que gritabas ─dijo Fidel seguro de sí mismo. Esa frase resume su improvisado plan. Es una idea maquiavélica…
─ ¿De verdad que no has gritado, Toñi?
─ No… No sé… Pienso que no ─contestó ella, ya más despierta, irguiéndose sobre la almohada.
─ Escuché con claridad «¡Ay, ay, ay!» y luego «Ven, ven…» ¿No te duele nada? ¿Has tenido alguna pesadilla? ¿Me llamabas?
─ ¿Qué quieres que te diga? ¡Estaba dormida! No recuerdo ni pío…si es que hubo algún pío…
─ Pelandus, yo te aseguro que escuché tus gritos… pero si no quieres decirme lo que te ocurre…
─ ¡Que no me pasa nada, Fidel!
─ ¿Seguro? Si quieres me acuesto contigo un ratito, hasta que se te pase el susto…
Las últimas palabras de Fidel le delatan. Toñi comprende lo que ocurre: ni él oyó nada ni ella gritó nada. «Lo único que quiere mi hermanito ─pensó enseguida─ es acostarse conmigo. Le sucedió lo que a mí. Ha debido leer el reportaje y tiene un calentón…Y encima el cabronazo ha puesto la pelota en mi tejado, ahora soy yo la que debe decidir…»
Toñi mira fijamente hacia algún punto indefinido del cuarto. Medita su decisión. Hay que sopesar pros y contras. Desea acostarse con su hermano, pero ¿procede? Está en una encrucijada. Ser o no ser, traspasar o no traspasar un límite, una línea prohibida. ¡Maldita revista!
Fidel permanece inmóvil, callado, nervioso. Él no ve líneas prohibidas. Sólo un soberbio cuerpo de mujer. En su mente apenas runrunea el extraño tictac de un reloj imaginario: sí, no, sí, no, sí, no… ¿Qué contestará Toñi? La respuesta se retrasa. El tiempo de espera se hace largo, tenso. Su polla se empina y busca cómo salir del pijama. Sus manos la cubren para no encender más alarmas.
Humo blanco. Toñi ya no mira a ninguna parte. Ahora mira a los ojos de Fidel. Cree haber encontrado una fórmula para salir del atolladero y devolverle la pelota.
─Vale. Te haré un hueco a mi lado. Pero quietecito, ¿eh? Recuerda que soy tu hermana…
─Claro, Pelandus, claro… ¡Sólo lo que tú desees!
Ella se acuesta de lado y él elige la misma posición, cuidándose de no tocarla. Todo llegará. Isis ayudará con su magia. Toñi apaga la luz de la mesilla. Mejor. A más oscuridad, más impunidad. Es la magia que faltaba. Magia de Isis. La polla de Fidel ya roza el culo fraterno. El pijama no impide que ella note la llamada de su miembro. Percibe su calor, su dureza, su grosor. Y lo deja hacer. Ayuda a que haga empujando ligeramente hacia atrás. La polla se acomoda a lo largo de toda la raja de las nalgas y aún le sobran centímetros. Se requieren más acciones…
Fidel coloca a su hermana boca arriba y se recuesta sobre ella apoyándose en los codos. El primer beso en los labios es tímorato, pero de sensaciones hasta ahora desconocidas; el segundo es más duradero e intenso, y el tercero ya es loco, pasional, volcánico. Las bocas se abren al fuego de las lenguas y abrasan los cuerpos. Él le quita la camiseta a su hermana, la tira cama abajo, y se quita la suya. Sentir las tetas de Toñi en su pecho le produce un placer enorme. Las soba y las besa con pasión. Se extrema en los pezones: chupándolos, mordisqueándoles, dándoles tirones. Toñi tiembla de placer. Los siente crecidos y tersos. Sujeta la cabeza de Fidel para que no los suelte, para que siga mamándolos. Y él sigue y sigue. Sabe lo que quiere, sabe que la está volviendo loca y que la pone a punto…
─ ¡Ah!… ¡Oh!… ¡Ah!… ¡Dime que vas a hacerme!… ¡No aguanto!… ¡Vas a matarme!… ¡Ah!… ¡Ah!… ¡Oh!…
Toñi anda presa de paroxismo, pero Fidel no le da tregua, saborea su piel poro a poro. Besa y chupa todo lo que pilla: cara, boca, cuello, lóbulos, hombros, pechos, vientre… Y quiere más. Ya ha llegado al pubis. Le saca el pantaloncito y la braga, y se quita también el suyo. Tiene a la vista un chocho goloso y palpitante. La polla lo celebra encabritándose, pero aún es el tempo de la lengua que explora ávidamente las ingles, la raja y los pliegues labiales hasta dar con el clítoris. Fidel sabe de la importancia de este apéndice. Sabe que exige un trato explícito, solemne, ceremonioso. Lo masajea a consciencia con la lengua y luego lo chupa y lo mordisquea dejándolo erecto y turgente. Toñi jadea y grita. Se lo restriega en la boca. Para que lo devore. Para que succione más. Y Fidel lo hace una y otra vez, insaciable. El chocho se humedece. Hay flujos por toda la entrepierna. Llega la hora mágica.
La punta de la polla de Fidel ya hurga en los labios del chocho y se enfila hacia la raja de entrada, pero las manos de Toñi intentan cortarle el paso:
─ ¡No!… ¡No!… ¡Por ahí no!… ¡Falta la goma!… ¡Es peligroso!… ¡No!… ¡No!… ¡Por favor, no!…
Fidel sólo rehúsa a esa penetración cuando ve que su hermana se coloca boca abajo, como una sumisa esclava egipcia, y le ofrece el conducto alternativo.
─ Claro que sí, cielo… ¡Te haré el gusto!… ¡Ya te dije que sería lo que tú quisieras y como tú quisieras!
Tiene delante el culo soñado. Una obra maestra de la naturaleza. La redondez perfecta, la elevación justa. Un culo de nalgas sabiamente moldeadas, de carnes claras y temblorosas, limpias y frescas, de tersura única. El culo que haría las delicias de todos los erotómanos del mundo. Duro, firme y prieto, pero aún así elástico y amasable. Suave. Un culo hecho para el placer… Fidel quiere follarlo sin demora, pero se frena. No es un culo totalmente ajeno. Es el de su hermana, y no debe ni quiere dañarlo…
─ Toñi, ¿puedo hacerte una pregunta?
─ ¿Ahora?
─ Necesito saber si te han entrado por aquí…
─ Una vez, hace tiempo.
─ Tu novio el tatuado, ¿no?
─ Sí.
─ Es raro. Tu culito parece inmaculado…
─ Su polla era una birria. Mucho más flaca que la tuya.
Crecido en su hombría, Fidel aplica un masaje lingual a la raja del culo de Toñi ensalivándola de arriba abajo y, con la ayuda de sus dedos, encharca el ojete y las paredes internas del recto. Ahora el maravilloso culo está bien lubricado y listo para ser empalado.
Fidel agarra su polla y la lleva hasta el pequeño orificio, en tanto que Toñi levanta un poco el culo para facilitar la entrada. El contacto con aquellas deliciosas carnes enloquece a Fidel que, empujando con fuerza, introduce la mitad de la polla sin que aparentemente cause ningún dolor. Eso le da alas. Afianza a su hermana entre sus brazos y, atacando de nuevo fieramente, la penetra hasta que sus testículos chocan contra las nalgas. Fidel siente que ha invadido un paraíso, una cueva de placer que abrasa a su polla. Toñi murmulla palabras ininteligibles, pero no quejumbrosas. Aguanta la embestida y quiere más. Y él le da mucho más, salvajemente. La folla a destajo, duro, a un lado y a otro, con empujones rítmicos y arrítmicos. Toñi se estremece y jadea. Nunca la han poseído tan virilmente. Nunca se ha sentido tan hembra…
─ ¡Ah!… ¡Ah!… ¡Así!… ¡Así!… ¡Tócame el chocho!… ¡Folla!… ¡Fóllame!… ¡Mete, mete, mete!… ¡Tírame de los pezones!… ¡Ahí!… ¡Dale, dale!… ¡Así!… ¡Eso es!…
Los dos hermanos viven un voluptuoso rapto. Se sienten sacudidos por una ola de espasmos. Fidel lanza sus últimas y fieras embestidas; Toñi se bambolea compulsivamente, y ambos se corren al unísono. Ella se viene en los dedos de él, y él inunda de hirviente leche el confín de su culo. ¡Jamás habían experimentado mayor gozo!
—–
El relato termina aquí, pero no la historia. Tal vez les cuente algún día cómo sigue y porqué yo, un tercero, he podido escribirlo omnisciente pese a versar sobre algo tan íntimo como un incesto. Sólo les adelantaré que descubrí los tejemanejes de Toñi y Fidel, que les chantajeé y que así pude llevarme al catre a mi primita. Ahora ella se ha distanciado de su hermano y vive conmigo. Un final con pirueta, pero es el que es. No hay otro…
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Publicado el 12-6-2009 por

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