Aventuras de una Colegiala (3)
Hola mi nombre es Lizeth Corona, pero todos me llaman “Liz”, voy en 2 de secundaria y esta es una de mis primeras travesuras sexuales, espero que les guste.
Todo comenzó el primer día de clases en mi nueva escuela secundaria, nos habíamos cambiado de cuidad por el trabajo de mi padre así que allí estaba yo frente a mi nueva escuela el colegio “Hamilton” un montón de niños y niñas se apresuraban a entrar por la puerta principal del colegio, echando mi mochila al hombro comencé a subir por las grandes escalera que conducían a mi nueva escuela.
Las primeras horas pasaron aburridas tomando apuntes y conociendo a mis nuevos profesores, por fin sonó el timbre que anunciaba el receso todos salimos en desbandada al patio central de la escuela, como yo no conocía a nadie, fui a la cooperativa a comprar una soda y algunas frituras, todo mundo se amontonaba y fue cuando sentí algo duro entre mis nalgas, gire la cabeza y vi un chico formado detrás de mi y otros tres mas que lo empujaban como si fuera incidental, con sus arrimones llegue hasta la parte donde despachaban y compre mi soda de naranja y mis frituras, me aparte a un lado para dejar pasar al chico que venia detrás de mi y justo cuando pase a su lado sentí su mano tocar descaradamente mis nalgas, yo no dije nada y Salí de aquel tumulto.
Me senté en las gradas y comencé a disfrutar de mi almuerzo, veía como todo mundo corría y se saludaban seguramente por que el año pasado habían cursado el 1 grado juntos, sumida en mis pensamientos no sentí cuando los cuatro chicos de la cooperativa se sentaron detrás de mi, solo cuando uno de ellos me saludo me percate de su presencia.
Hola niña como te llamas – pregunto el que parecía el líder de ellos un chico de cabello castaño alto y con ojos azules, el mismo que me había arrimado su pene.
Liz – conteste yo – y tu?
Yo soy Alan Y ellos son Carlos, Fernando y Raúl y queremos decirte que estas muy linda Liz.
Gracias – conteste yo tímidamente.
Ven te queremos enseñar la escuela, ya que eres nueva necesitas unos guías expertos como nosotros – y diciendo eso me tomo de la mano y me levanto de mi asiento.
Y adonde vamos – pregunte yo – siguiendo a aquellos chicos.
Ho eso es lo mejor te vamos a enseñar nuestro lugar secreto, solo nosotros entramos allí, como somos chicos de tercer grado solo nosotros podemos entrar.- platicaba Alan mientras los otros tres en silencio seguían nuestros pasos y miraban que nadie nos siguiera.
Caminamos por los pasillos de la escuela hasta que doblamos una esquina y allí había una puerta de lámina, aquí es sonrió Alan al tiempo que deslizaba una llave en la cerradura – pasa Liz veras que lugar tan bonito.
Yo di un paso y entre a una estancia de unos 5 metros en la cual había estantes con latas y botes de pintura, unas viejas bancas y un sofá igual de viejo, una pequeña luz iluminaba el lugar y provenía de una hendidura en lo alto de la pared por la cual se filtraban el sol.
Y bien que te parece nuestro lugar secreto? – pregunto Carlos un chico algo bajo para su edad y de cabellos chinos, Alan cerraba la puerta y ponía el seguro a la misma.
Pues algo descuidado no crees- conteste yo – deberían de limpiar un poco y tal ves poner mas luz. Apenas termine esa frase sentí unas manos levantando mi falda por la parte trasera, era Raúl que se había colocado detrás mió.
Hay – proteste yo- que haces? Déjame en paz – apenas me había zafado de Raúl cuando Alan se puso frente a mi y tomándome de la cintura me jalo hacia el y me beso, sentí su lengua lamiendo mis labios y abriéndose paso entre mis dientes para al fin encontrar mi lengua, unas manos levantaron nuevamente mi falda escolar y sentí como amasaban mis nalgas con evidente frenesí, sentí un calor que recorrió todo mi cuerpo era una mezcla entre coraje y placer muy extraña.
Trate de zafarme del abrazo y del beso de Alana pero era inútil el me besaba y me pegaba mas fuerte a su cuerpo, y sentí como su pene crecía y se pegaba a mi vientre, otras manos recorrían ahora mis piernas hasta llegar a mi sexo el cual solo era cubierto por mis pantys de blanco algodón.
Ven- dijo al fin Alan al despegarse de mis labios, me acerco al sillón y me sentó en el , yo temblaba de pies a cabeza y el lo noto – tranquila no te vamos a hacer daño solo queremos divertirnos un rato eso es todo- dijo Alan con una sonrisa en su cara.
Acto seguido comenzó a besarme de nuevo, pero ahora sus besos estaban dirigidos a mi cuello y en mis oídos, los chupaba muy despacio muy rico, podía sentir su aliento en mi odio y eso me hacia estremecer, me olvide por completo que otros tres chicos estaban en la misma habitación viendo todo, cuando abrí mis ojos los vi frente a mi desnudos de la cintura para abajo y con sus miembros erectos y masturbándose, podía ver perfectamente sus manos subiendo y bajando de sus penes, alguno de ellos ya exhibía un liquido en la punta de su glande.
Alan por su parte no dejaba de besarme y de estrujar mis pechos por debajo de mi blusa, yo instintivamente lleve mi mano a su pantalón y sentí su verga dura, la comencé a frotar muy despacio, el con una mano se bajo el cierre y libero su pene, al fin pude tomarlo entre mis manos y acariciarlo, se sentía muy caliente, muy suave, el metía ahora su mano por debajo de mi falda y palpaba mi vulva que se encontraba empapada, sentí sus dedos hurgar en mis labios y sentí cuando introdujo su dedo en mi.
Raúl Uno de los tres chicos que estaban frente a nosotros masturbándose, acelero su respiración y el subir y bajar de su falo y acercándose a mis piernas expulso un chorro de leche que fue a parar directamente a mis rodillas.
Alan en ese momento me tomo del cuello y me acerco a su verga yo no dejaba de acariciarlo y en ese momento vi un chorro de leche que salio disparado a mi cara obligándome a cerrar los ojos.
En la posición que me encontraba Fernando se coloco detrás de mi y levanto mi falda dejando mis nalgas desnudas y entonces también dejo caer su lefa en mis nalgas.
Carlos fue el mas atrevido y me levanto del sillón subió mi falda por delante y tomo mis bragas las separa con una mano y me aventó su leche en mi entrepierna.
Terminando eso me desplome en el sillón y me quede sentada sin saber que decir, ellos solo jadeaban como lobos y acomodaban sus penes ahora flácidos en sus pantalones.
Muy bien Liz te has portado de maravilla – declaro Alan – de ahora en adelante vendremos aquí mas seguido y te daremos algo de dinero por que nos saques la leche, los demás rieron y salieron de aquel cuarto.
Yo me quede sentada un rato mas pensando en lo que había pasado, tome un trapo y limpie los restos de semen de mi cuerpo, Salí de ese cuarto al tiempo que sonaba la campana que anunciaba el fin de receso.
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Publicado el 7-1-2009 por

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